Leer libros de finanzas no cambia tu vida: lo que realmente importa es aplicarlos

No es la lectura, es la práctica, Págate primero a ti mismo.

HÁBITOS FINANCIEROS

Ricardo Álrezguillos

3/14/20263 min read

La mayoría de las personas creemos que la forma ideal de adquirir nuevos conocimientos y enriquecer nuestro pensamiento es a través de la lectura, inscribiéndonos en cursos de formación o viendo documentales y videos que nos entreguen información útil. Y en muchos casos esto es suficiente.

Adquirimos el conocimiento y nos beneficiamos de él. Por ejemplo, si una persona quiere aprender historia, puede leer un libro y ampliar su comprensión del mundo sin necesidad de hacer mucho más. Si además lee con frecuencia sobre historia, probablemente terminará siendo considerada una persona muy conocedora en esa materia.

Algo similar ocurre con la astronomía. Si una persona aprende cómo se forman las estrellas o cómo funciona el sistema solar, el simple hecho de entender esos fenómenos ya constituye el beneficio de ese aprendizaje.

Sin embargo, existen otras áreas de la vida en las que saber no es suficiente. En estos casos el conocimiento debe ejercerse, es decir, debe llevarse a la práctica para que podamos beneficiarnos realmente de él.

Por ejemplo, no basta con saber qué nota corresponde a cada traste de una guitarra para considerarse guitarrista. Una persona puede conocer toda la teoría musical, pero si nunca toma la guitarra y practica, difícilmente desarrollará la habilidad de tocar bien.

Algo parecido ocurre con quien estudia medicina. Memorizar libros y comprender el funcionamiento del cuerpo humano es fundamental, pero nadie se convierte en un buen médico solo leyendo. La práctica clínica, el contacto con pacientes y la experiencia acumulada son lo que finalmente forman al profesional.

En su obra Ética a Nicómaco, Aristóteles explicaba algo muy similar al hablar de las virtudes. Decía que no nos volvemos virtuosos simplemente sabiendo qué es lo correcto, sino practicando repetidamente las acciones correctas. Nos volvemos justos actuando con justicia, valientes actuando con valentía y moderados ejerciendo la moderación.

Es decir, en muchas áreas de la vida el conocimiento es solo el punto de partida. Lo que realmente produce el cambio es la práctica constante.

No basta con leer libros de Finanzas

Así entonces, no basta con leer un libro de finanzas tras otro. Estos contienen conocimientos que deben ser puestos en práctica y releídos para que comiencen a verse sus beneficios. En este caso, más no siempre es mejor.

Podríamos decir que existen dos grandes clases de libros.

Por un lado están los libros de literatura. Mientras más nos sumergimos en ellos, más se estimula una zona del cerebro conocida como el hipocampo, que nos permite dejar de ver simplemente palabras y comenzar a imaginar escenas, olores y sensaciones. Es nuestro propio cerebro el que recrea la historia en nuestra mente.

Por otro lado, existen libros cuya finalidad principal no es contarnos una historia, sino enseñarnos algo. En esta categoría entran los libros de finanzas personales. Para obtener realmente el beneficio de sus enseñanzas, debemos leerlos con más calma: detenernos a reflexionar, releer algunas ideas y darles vueltas.

No deberíamos leerlos como si se tratara de una novela. Hacerlo sería algo equivalente a querer leer Meditaciones de Marco Aurelio o incluso la Biblia de corrido. En esos casos, probablemente no estaríamos aprovechando realmente su contenido, porque no estaríamos interiorizando las ideas que intentan transmitir.

Sácale provecho al libro

Bueno, para poner en práctica todo lo anterior, podemos valernos de un clásico de los libros de finanzas, y que además fue el primero que leí: El hombre más rico de Babilonia, de George S. Clason.

El libro está lleno de historias ambientadas en la antigua Babilonia, pero detrás de esos relatos hay ideas muy simples y poderosas sobre cómo manejar el dinero. De todas ellas, hay una que en especial siempre intento recordar cada vez que recibo mi salario o algún ingreso extra: “págate primero a ti mismo”

Muchas veces escucho a personas endeudadas decir cosas como: “debo pagar la tarjeta” o “tengo que pagar el hipotecario” o “tengo que pagar el crédito de consumo”. Trabajan pensando únicamente en cumplir con su obligación con otros, y caen en el estrés cuando el dinero no alcanza para pagar la cuota.

Sin embargo, desde que leí ese libro hace más de ocho años, he intentado seguir una regla muy simple: pagarme primero a mí mismo. Aunque sea solo un 10% de lo que recibo, procuro separarlo antes de cualquier otro gasto.

No hay nada más importante que tu futuro, tu tranquilidad y tu bienestar.

A veces esto significa tomar decisiones incómodas. Puede que durante un tiempo no logres cumplir con todos tus acreedores, no porque no quieras pagar, sino porque hacerlo en ese momento podría perjudicarte seriamente, ya sea mental o físicamente.

En esos casos, es mejor reorganizarse, recuperar el equilibrio y luego continuar cumpliendo con las obligaciones. Las deudas pueden pagarse con el tiempo; tu tranquilidad y tu salud son mucho más difíciles de recuperar si las pierdes.

Este libro, del que no se habla tanto en comparación con otros, contiene varios consejos igualmente importantes y necesarios, los cuales desarrollaré con mayor detalle en futuros artículos.

Iquique, Tarapacá - Chile

Todos los derechos reservados, 2026

© Ricardo Álvarez Galleguillos