La ventaja invisible de empezar a trabajar joven
Trabajar y estudiar en Chile / La ventaja financiera de empezar temprano
MIS EXPERIENCIAS
Ricardo Álrezguillos
3/12/20264 min read


En Chile, cumplir 18 años supuestamente marca el inicio de la vida adulta, desde un punto de vista legal puedes trabajar, firmar contratos, endeudarte, abrir cuentas bancarias y tomar muchas decisiones económicas por tu cuenta.
Sin embargo, hay algo curioso que se repite cada vez más: muchos jóvenes —e incluso personas de 25 o 30 años— dicen no sentirse realmente adultos. Yo mismo recuerdo que entre los 20 y los 25 años tampoco tenía esa sensación. En parte, creo que esto se explica por un factor muy común en Chile: la universidad, si bien la educación superior entrega herramientas intelectuales importantes, también tiene un efecto secundario del que casi no se habla, en la mayoría de las situaciones significa un postergamiento de nuestra entrada al mundo laboral.
En la práctica, esto significa que extendemos nuestra adolescencia varios años más. Y esa decisión, aunque parece normal, tiene una consecuencia poco visible: perdemos tiempo valioso para adquirir experiencia práctica y comenzar a ahorrar dinero.
Pese a lo anterior, el hecho que considere que es realmente beneficioso para los jóvenes comenzar a trabajar apenas puedan, debo aclarar que esto lo digo en base a mi experiencia, con sus particularidades y pormenores.
Mi experiencia
Cuando entré a estudiar Derecho ya me encontraba trabajando como conserje en un condominio de clase media-alta. En ese momento me pareció un trabajo ideal para compatibilizar con la universidad.
No era una labor que demandara demasiada atención. Básicamente consistía en no dormirse, hacer algunas rondas nocturnas y mantenerse atento ante cualquier eventualidad. Además, no era un trabajo de tiempo completo. Yo cubría algunos turnos que no podían ser tomados por los conserjes titulares, por lo que terminaba trabajando dos o tres noches a la semana.
Así fue como durante ese primer año combinaba mis noches de trabajo con mis días en la universidad.
Sabía que esto me iba a limitar bastante el tiempo disponible, así que con algunos compañeros armamos un grupo de estudio en el que nos repartíamos la elaboración de los apuntes. De esa forma la carga se hacía mucho más liviana.
Durante ese primer año las cosas funcionaron bastante bien. Los primeros años de Derecho suelen ser relativamente más manejables y el trabajo me permitía generar ingresos mientras estudiaba.
Además, justo en ese periodo empezó a surgir en mí un fuerte interés por las finanzas personales. Muchas veces, durante los turnos nocturnos en los momentos de menor movimiento, aprovechaba de leer o investigar sobre ahorro e inversión.
Todo cambió al comenzar el segundo año con la llegada de la pandemia de COVID-19 fui despedido del condominio sin mayor explicación. En su momento me molestó bastante, pero decidí no quedarme detenido en eso y al poco tiempo conseguí un trabajo como descongestionador de filas en una sucursal del Banco Estado. Estuve allí cerca de tres meses.
Aunque era un trabajo simple y muchas veces debía estar varias horas bajo el sol del verano, lo disfrutaba bastante. Tenía contacto constante con personas: clientes, guardias y ejecutivos del banco.
Cuando ese contrato terminó, la experiencia me sirvió bastante. En menos de una semana encontré un puesto muy similar en una Administradora de Fondos de Pensiones.
Ese trabajo me permitió continuar estudiando y trabajando prácticamente hasta el último año de la carrera. Hubo momentos en que compatibilizar todo fue difícil, pero en términos generales logré sacarlo adelante.
Mirándolo en retrospectiva, creo que esa etapa me dejó varias cosas importantes, me permitió adquirir experiencia tratando con personas en contextos laborales reales, generar algunos ingresos propios, conocer gente y, en general, madurar más rápido que si me hubiera dedicado exclusivamente a estudiar.
¿Recomiendo trabajar y estudiar a la vez?
Depende.
Todo dependerá de analizar al menos tres factores importantes: el tipo de carrera que estés estudiando, el tipo de trabajo que hayas conseguido y la compatibilidad entre los horarios de ambos.
1. El tipo de carrera
Si estudias una carrera especialmente demandante, lo primero que deberías hacer es evaluar con honestidad tus propias capacidades.
Hay personas que logran comprender los contenidos rápidamente y que incluso pueden explicarlos a otros con relativa facilidad. Si ese es tu caso, quizás podrías intentar compatibilizar estudios con un trabajo part-time, o incluso con uno de mayor carga horaria.
No todos aprendemos al mismo ritmo. Por eso creo que lo más sensato es probar primero tus propios límites y ver si realmente puedes sostener ambas cosas en el tiempo.
2. El tipo de trabajo
No todos los trabajos son iguales.
Algunos pueden ser mucho más desgastantes física o mentalmente que otros. En mi caso tuve cierta suerte: trabajaba en una sucursal, con aire acondicionado y con momentos de menor movimiento en los que incluso podía sentarme.
Pero muchas veces me he preguntado si habría podido hacer lo mismo en otros contextos. ¿Habría sido capaz de estudiar Derecho mientras trabajaba en la cocina de un restaurante de comida rápida? ¿O realizando ventas en terreno durante todo el día? Probablemente no.
Por eso creo que, si decides trabajar mientras estudias, es importante buscar un trabajo que no te deje completamente agotado al terminar el turno.
3. El horario
El tercer factor es la compatibilidad entre horarios, aquí debes mirar con atención tu carga académica: qué asignaturas tienes, si exigen asistencia obligatoria y cuánta flexibilidad existe en tu carrera.
En mi caso particular tuve cierta suerte. Conversé con el jefe de la carrera de Derecho y hubo bastante comprensión respecto a mi situación. Mi empleador también mostró buena disposición cuando tenía evaluaciones o necesitaba ajustar algunos turnos.
No siempre ocurre así, pero cuando existe cierta flexibilidad de ambas partes, compatibilizar trabajo y estudio se vuelve mucho más posible.
Entonces… ¿lo recomiendo o no?
Si se dan condiciones similares a las que mencioné antes, personalmente creo que sí puede ser una experiencia muy valiosa. No solo por el dinero, trabajar mientras estudias también significa aprender a tratar con personas, lidiar con jefes, asumir responsabilidades y desenvolverte en contextos reales que muchas veces son muy distintos a los de una sala de clases.
Además, existe algo que muchas veces pasa desapercibido: empezar a trabajar temprano puede darte una pequeña ventaja en experiencia y madurez frente a otros compañeros.
Quizás algunos de ellos tengan mejores calificaciones —lo cual sin duda es valioso—, pero en la práctica, en muchos trabajos las notas universitarias no suelen ser el factor decisivo.
Muchas veces lo que termina marcando la diferencia es algo más difícil de medir: la experiencia, el criterio y la capacidad de desenvolverse en el mundo real.
